viernes, 5 de abril de 2013

HAY UNA COSA QUE TE QUIERO DECIR


VIETNAMOR



¿Qué te pasa?

Estás en la calle. Hace frío, el viento silba de esa forma siniestra. Tu bufanda se mueve como una bandera izada. Te duele mucho el cuello y no sabes por qué. Quizás te has dormido en una mala postura. Quizás te duele porque a veces las cosas simplemente duelen sin razón alguna. De pronto te encuentras con tu ex-pareja. La acompaña un hombre mucho mejor que tú en todos los sentidos. De hecho es tan guapo que una parte de ti se lo follaría. Ella te saluda con una sonrisa calculada. Te pregunta cómo te va. Tú le dices que bien, como siempre, porque tú siempre estás bien. Ella asiente con una mirada de pena que conoces de hace años. Sigue siendo la misma persona, aunque parezca extraño. En ese momento te sientes como si el pasado y todos los recuerdos con ella fueran esporas que se esparcen por el aire. Él se presenta. Te dice, con un español demasiado masticado, que se llama Ewan McGregor. Oyes su nombre y sabes perfectamente quién es, pero tu cara no muestra expresión alguna porque vas ciego de calmantes. Eso, de alguna forma, te da un aire de dignidad que dura hasta que lo piensas bien. En ese momento, imbuído en una sensación de claustrofobia, bajas la mirada. Hay unos instantes de tensión. Los dos se quedan sonriendo y observándote. Te duele un montón el cuello. Al final, después de un periodo de duda, os despedís. Parecía que teníais cosas a deciros, pero sólo queda vacío. Te duele muchísimo el cuello. Es como un pinchazo agudo y venenoso que te desconecta de la realidad. Tal vez sea un tumor.

sábado, 30 de marzo de 2013

3 tips para saber si tu hijo inválido, al que nunca has amado y a quien cuidas por una razón más cercana a las obligaciones paternofiliales convencionales que al simple y llano amor, está apunto de morir


1-¿Estás apretándole la cabeza con una almohada mientras duerme? Es importante fijarse en detalles como este. Si tu hijo, por ejemplo, está moviéndose mucho y de pronto empieza a sufrir pequeños espasmos para luego quedarse muy quieto, lo más probable es que se trate de una forma que tiene él de decirte que, probablemente, se encuentre en un estado de muerte clínica. Otros detalles como llenarle de cianuro la pasta de dientes sabiendo muy bien que lograrías un mejor resultado mezclándolo todo en un compuesto alimenticio de carácter lúdico como podría muy bien ser un pastel, también pueden ayudar a discernir la compleja realidad de la tragedia, aunque seas tú quien estés provocándola. Como muy bien decía Dostoyevski, "las verdades y la sanación por los pecados de toda la humanidad pueden ser purgados al ofrecerse en sacrificio a uno mismo". Y eso para un servidor era cierto entonces y no hay por qué pensar que en la actualidad no siga siendo perfectamente vigente.


Fiódor Dostoyevski, 1872

2- ¿Te ha escrito una compleja carta llena de emotivos símiles, fantasías y deseos de un carácter sombrío, como podría ser el que manifiestan las conductas suicidas? Debemos ser muy prudentes cuando creamos encontrar significado a mensajes de esa índole. La mayoría de las veces sólo son llamadas de socorro que deben ser lo más desatendidas posible, sin dejar en la desatención requerida ningún resquicio de moral social y amorosa, porque en un mundo en el que cuatro especuladores disparan el precio de los alimentos y matan a millones de hambre, tampoco hace falta querer a los demás ni desearles un futuro más feliz. Al fin y al cabo, ambos sabéis que ese futuro, por demasiadas razones que me niego a exponer aquí, no va a llegar nunca.

3- ¿Te lo dice claramente? Si estás leyéndole un cuento sobre pájaros que vuelan por la azul inmensidad y él en ese momento se encuentra en su cama preparada especialmente para personas con paraplejia, podría cerrarte el libro y, con una sutil lágrima cayéndole por la mejilla, decirte que se siente triste pasando su vida postrado en una silla de ruedas y que desea morir, para después hacer que te pongas a llorar y a abrazarle, fingiendo casi absurdamente en cada uno de esos actos, porque en tu interior una parte de ti que se imaginaba con setenta años cuidando de un señor de cincuenta alcohólico y desgraciado que se hace llamar tu hijo, esa parte de ti, ha desaparecido y de pronto ha sido sustituída por otra que te ofrece una sensación de tremendo alivio, que a la vez te hace sentir como una persona despreciable porque es la última de tantas pruebas que, impartidas desde que se quedó inválido, han ido demostrando tu evidente falta de amor e interés hacia él, podrían ser la respuesta clave a todo el asunto.


martes, 21 de agosto de 2012

Enfermedad I


Pues mirad que os digo: sobre la nueva enfermedad que empieza a azotar ciertas zonas de África, yo no me creo ni un pelo. Los informativos empiezan a hinchar la bola de algo que no sólo es inverosímil, sino de receta paranoide. Yo, que desgraciadamente no tengo conocimientos avanzados de medicina, me dispongo a mostrar una serie de argumentos que a priori debo considerar acertados:

1º- Es imposible que a alguien le salga orchata por el culo a no ser que esa orchata, como en el porno desviado, haya sido introducida por el mismo agujero poco antes. Y los informes de la ONU señalan que la orchata sale espontáneamente del culo de esos pobres negros incivilizados, lo que da otra argumentación posible: ¿de dónde sale esa orchata si, para empezar, no se conoce existencia de chufa, por ejemplo, en Sierra Leona?

2º- Que esa orchata salida del culo te contagie un tipo de SIDA que además de SIDA te dé una extraña variante de cáncer llamado cáncer de SIDA. No hay estudios hasta la fecha que demuestren la existencia de esa enfermedad Sidancerígena. Hace pocos días, para salir de dudas, me puse en contacto con el eminente doctor en SIDA aplicado Dan Stiglitz, profesor emérito y barrendero de la New York State University y, como era de esperar, disipó toda duda al respecto. Dijo, en palabras textuales: "no tengo constancia de esa enfermedad", para luego soltar un categórico "¿le lavo los zapatos, señor? Hace falta decir que el doctor Dan Stiglitz es negro.

3º- Que no hay enfermedad, sea de orígen vírico o no, que pueda convertir la cara de un enfermo en una mesa de pinball. Lo que más se acercaría a un cambio de cara significativo, si lo comparamos con otros individuos de la misma especie, es el hecho de ser Borbón.