miércoles, 19 de junio de 2013

ENTREVISTAS A TUITEROS ILUSTRES: @jotaceja




Jotaceja es uno de los primeros tuiteros que seguí. También es de mis favoritos. Por eso mismo estoy aquí, en mi blog que no lee casi nadie, para hacerle una entrevista que la mayoría de vosotros consideraréis estúpida o sin demasiado sentido. El señor @jotaceja abrió su cuenta en febrero de 2012, como yo, porque somos almas gemelas y nos queremos mogollón. El caso es que desde entonces se dedica a hacer un humor muy particular, lleno de imágenes de Nicolas Cage, promoviendo la visión de un Dios que es como una madre que descuida a sus hijos porque es adicta a las drogas y llenando la viñeta de tuiteo con situaciones absurdas y crueles que le hacen gracia a él y a unos centenares de personas más con problemas en el momento de salir al mundo y socializar con el resto de la sociedad, entre las que me incluyo.
Así pues, comencemos:

Tu nombre de user me recuerda a las series americanas de los 90 en las que siempre aparecía un niño supuestamente molón llamado CJ. ¿Cuál es la historia de tu nombre? ¿Tiene algo que ver con Jotas y con Cejas?

Si te digo la verdad, fui aconsejado por andaluces. Yo era anti-twitter, pero me convencieron para hacerme uno. En ese punto no sabía que nombre ponerme, así que a alguien se le ocurrió mezclar un par de mis iniciales con una ceja. Ahora hay gente que se refiere a mí como "ceja" lo cual suena a nombre en clave. Y me gusta.

Se rumorea que estudias periodismo. ¿Vas a usar esta cuenta de forma seria en algún momento de tu vida?

Supongo que si algún día voy a cualquier país en llamas podría usar mi cuenta actual, generando así sorpresa y regocijo: "¿Pero el jotaceja este no era un obeso de 43 años?" Es más divertido que hacerme otra cuenta llamada "Señor Periodista Serio" y así podría aderezar la información real con humor: "Acaban de incendiar un hospital y los de la unidad de quemados no se dan cuenta". Tronchante. De todas maneras, alguna vez he escrito algo serio con esta cuenta. Cosas que, afortunadamente, están enterradas bajo montañas de tuits.
En todo caso, ¿qué podemos hacer teniendo periodistas con un sentido tan negro y absurdo del humor?

Más periodistas con sentido del humor tendría que haber. El mejor chiste que te contará el 95% de los de este gremio involucrará futbolistas. Y bueno, si queréis periodistas con sentido del humor sin fútbol, tendréis que elegir entre Wyoming, Roberto Brasero y yo. Vosotros veréis.

¿Por qué ese humor? ¿A qué huelen las nubes?

Estoy casi seguro de que las nubes huelen a nitrato de plata. Lo cual debería asustarte.
Respecto a lo de mi humor. El humor negro es como un limón. No, no agrio. Es como un limón proyectado hacia tu cara a mucha velocidad. Te da una hostia cerebral. Es chocante y eso mola. En cuando al humor absurdo, lo veo como el humor más inteligente que hay. Ojo, todo esto cuando se hacen bien (y no digo que yo lo haga bien, NO TERGIVERSE SEÑOR LOVING). El problema es que Tuiter está lleno de chistes de judíos que han perdido toda la gracia y decir "el abuelo pelea con una cebolla translúcida en casa de Patrick Swyze" no me parece muy gracioso. El humor se ha quemado muchísimo. O se me ha quemado a mí.
Coincido totalmente con esa visión del humor que tienes. El de la cebolla translúcida creo que me lo has plagiado, hijo de puta. Supongo que ha llegado el momento de entrar en temas más serios y profundos. Háblame de tu OBSESIÓN con Nicolas Cage.

¿Obsesión? ¿Acaso es obsesión el amor que siente un padre por su hijo? ¿Una puta por el crack? Para nada. Nicolas Cage es el artista más grande de todos los tiempos. No digo actor, sino artista. Sí. Ningún otro virtuoso le puede superar en ningún campo. ¿Mozart? ¿Beethoven? Afeminados y sordos zarrapastrosos al lado de Nic. Para ilustrarte esto, que no es más que una aplastante e indefectible verdad, podría enseñarte cualquiera de sus películas, pero mejor te pongo un vídeo recopilatorio de sus momentos más apolíneos.



Además, mi fondo de escritorio es Nic, mi nombre de usuario es Nic, mis iconos son su cara y mi salvapantallas...pues JFK. JJAJAJA NO, es Nic. Pero bueno, como todo el mundo sabe, un sabio dijo una vez:
Yo sólo confío en dos hombres agente Larkin, uno de ellos soy yo y el otro no eres tú.
¿Y Dios? Porque esa es también una de tus constantes como tuitero.


Pienso en Dios como un ente que un día creó un ecosistema de hijos de puta sin querer. Estaba ahí, haciendo sus cosas intergalácticas y pum. Personas. Pero claro, como somos así de especialitos pues le damos un poco de asco y pasa de nosotros. Se supone que su poder es infinito y total, pero se mostró hace milenios a unos analfabetos del desierto y no ha vuelto a aparecer. Sus razones tendrá para ser así de maligno. Desde una perspectiva lógica me es imposible creer en Dios, pero desde mi miedo absoluto hacia el concepto de sufrimiento eterno y hacia la soledad cósmica producto del azar, pues supongo que le tengo hecho un hueco. Básicamente aplico la apuesta de Pascal. Aunque en el caso de que exista, lo sabrá y me destruirá. Me gustaría que fuese un dios como el de Futurama.
¡Saramago! Tienes pinta de ser una persona con el cerebro caótico. Supongo que como toda persona inestable en ese sentido -admito serlo un poco, también- debes tener episodios de rabia y diálogos mentales extraños mientras estás tumbado en la cama o caminando hacia alguna parte. ¿Hay alguna paranoia o tic mental recurrente en tu vida?

Muchísima rabia. Al menos antes. Ahora está más o menos canalizada y es hasta útil. Pero me controlo bastante bien, nunca haría nada que te hiciese pensar: "puto loco". Los diálogos mentales son constantes, supongo que como todo el mundo. Me gusta formar una personalidad objetiva que me lanza preguntas que yo respondo, como una entrevista.

Claro. Continúa respondiendo, porque está claro que yo no soy una personalidad objetiva creada por ti. 

Lo mejor de mis paranoias es que enseguida las identifico como tal y es fácil suprimirlas. Respecto a los tics ¿sabes lo que es un TOC? A veces hago cosas como tocarme diez veces la punta de cada dedo para que X cosa suceda. Es una gilipollez y podría no hacerlo, pero me relaja. A pesar de todo, estoy más o menos satisfecho con esa bola gelatinosa de materia gris que hay sobre mis hombros.

Probablemente te guste leer y escribir. ¿Has escrito cuentos, guiones o algo más grande?

Sí, escribo cosejas. Relatos cortos y tal. Hice un amago de blog pero lo abandoné en la absoluta miseria. Viendo el tuyo quizá me anime a volver a publicar. Mira, te pongo un micro-relato que escribí hace bastante: 


"Y el martillo del revólver percutió la bala. Bang. Como siempre, como no podía ser de otra manera, como estaba escrito y como era esperado. El incandescente proyectil cortó el aire y perseguido por su estela se dirigió hacia la cabeza de un hombre que dejaría de serlo en unas milésimas de segundo.
El estruendo no se disipó de inmediato, rebotó contra las paredes y durante unos instantes fue el único sonido que delataba de manera inequívoca lo que acababa de pasar. Cuando el ruido se disolvió, un fuerte y molesto pitido se instaló en su oído. Puso una mueca amarga al pensar que el pobre diablo cuyos sesos servían ahora de pintura hubiese dado lo que fuese por sentir algo así de desagradable si eso significaba dejar de estar muerto. Al pensar en lo equivocado que probablemente estaría no pudo evitar llorar como cada vez.
Arrojó el arma al suelo, encendió un cigarrillo y esperó. Calculaba que faltaban dos minutos. En efecto, cuando la mitad de su cigarro se había consumido, la habitación entera empezó a temblar. Los cristales vibraban, la lámpara empezaba a oscilar de manera cada vez más violenta. El hombre al que acababa de matar se convulsionaba, el revólver retornó a sus manos, la bala al cañón, los sesos a la cabeza y el humo a su cigarrillo. 
Dejó de contar las veces que eso había ocurrido cuando llegó a dos mil. Siempre mataba a ese hombre y minutos después todo retrocedía hasta el momento en el que apretaba el gatillo. Pensaba que había matado a Dios, a un dios al menos, al hacedor de todo. Pensó que estaba en el infierno y se preguntaba si ese bucle demoníaco le pertenecía solo a él o toda la humanidad se hallaba atrapada en forzada solidaridad. Pero ninguna pregunta importaba, no había respuestas ni nunca las habría, y si las había, no remediarían que estuviese atrapado en un lapso de cinco minutos y cuarenta y dos segundos, matando a Dios una y otra vez durante toda la eternidad."


En mi cabeza le ponía música de Satie y quedaba muy guay. Respecto a la literatura, pues sí, me gusta bastante. Como a todo el mundo, supongo. Hay mucha gente a la que no le gusta leer, pero luego están esos gilipollas que se han leído dos libros, se consideran amantes de la puta literatura y te miran desde su estación de Ego por encima de la órbita terrestre. Capullos.

Y siguiendo el rastro de los temas literarios, ¿podrías recomendar a algún autor que te guste mucho, sea de ficción o ensayo, y decirnos por qué?


Un autor que me gusta muchíismo y que siempre recomiendo (encima es contemporáneo) es Cormack McCarthy. Me parece muy brutal y visceral. La Carretera o La oscuridad exterior son libros extremadamente violentos, con un ambiente miserable que me han hecho sudar frío. Un crack, vamos. 

Con el resto de ítems culturales me pasa lo mismo. Me gustan todos. Cómics, películas, videojuegos... etecé. Podría darte una lista de gustos, pero creo que son bastante genéricos y encontrarías similitudes entre cualquier persona al que le gusten estas cosas. Pero vamos, te digo uno de cada: Crossed, Man from Earth (que la vi hace ná y me dejó con el culo vuelto) y Fallout. También te diré que soy fan enfermizo de la aeronáutica. Pero sssshhh.

Coño, ahora que lo dices, recuerdo que una noche ya lejana hice un tuit sobre Spitfires con una pequeña equivocación y casi te me lanzas a la yugular. Prosigamos con una de las últimas preguntas: ¿qué quieres ser de mayor, niñito? ¿Tienes perspectivas de futuro? Está claro que son escasas, como para el resto de gente joven -con cerebro o no- que vive en este país.


Mis perespectivas de futuro son difusas como una nebulosa. Lo ideal sería ser un corresponsal de guerra excepcionalmente bueno, con lo suficiente como para comer un par de veces al día y un paquete de cigarrilos ocasional. Ya sabes, jugándome el tipo y esa mierda. Quizá acabe en la legión extranjera francesa o de dependiente del Zara. No lo sé.

Jean Claude Van-Damme estaría orgulloso de ti. Eres muy buen tuitero, eso está claro, pero dime: ¿cuando abriste esta cuenta, lo hiciste con alguna intención de prosperar más allá del propio hecho de tuitear por tuitear? ¿O por el contrario tenías ganas de abrir cierta brecha para poder inocularle tu identidad a todo el mundo para aprovechar esa influencia de caras al futuro? Me atrevo a decir que mucha gente lo piensa. Al fin y al cabo, ahora mismo todo pasa por internet, y si no estás ahí, literalmente no existes. ¿Qué opinas?

Cuando abrí la cuenta tampoco tenía un objetivo claro. Un sitio para soltar gilipolleces de manera impune, genial. Pero bueno, con el tiempo te das cuenta de que te lee bastante gente (a lo mejor en mi caso no) y que puede que sí que sea una buena forma de empezar a dejar una huella o a crear un futuro. Parece una tontería, pero cuando la gente empieza a estar pendiente de lo que dices, aunque sean estupideces, ya tienes un público susceptible de ser ampliado o cambiado. En cualquier caso puede que esto me haga más mal que bien, y que el jotaceja del futuro sea brutalmente criticado y descuartizado por la masa por las mierdas tan enormes que escribió.

lunes, 27 de mayo de 2013

DISFRUTAR




Y es en este preciso instante cuando el hombre de cincuenta años bien vestido, con su corbata y su americana a juego, se sienta en el sofá de su casa y enciende la televisión, una de esas nuevas Smart TV que te permiten seleccionar todo aquello que quieres ver y te lo guardan en caso de que tengas horarios apretados o quieras dedicar tu atención tan sólo a un tema.

Esta mañana ha abandonado su casa a las siete y media de la mañana y ha estado entrando y saliendo de las distintas sociedades anónimas de las que se convirtió en accionista durante los años del segundo gran Boom de las telecomunicaciones. Ha hurgado en las opiniones de sus correspondientes juntas directivas, que poco a poco, según recuerda y comenta, se han ido convirtiendo en clubs para selectos hijos de puta; y hasta las diez y cuarto de la noche no ha podido sentarse en ese sofá con la intención de relajarse y encender, como estaba diciendo antes, su preciada televisión.

Agarrado a su mando y después de ver un breve resúmen diario sobre el estado de la economía mundial en la CNN, decide abrir el disco duro y darle el play al primer archivo de la lista, que es bastante pesado y tiene unas ocho horas de duración.

En el archivo en cuestión aparecen imágenes de tragedias grabadas por distintos medios de comunicación y entrelazadas con otras. La primera tragedia de la larga lista de tragedias es la matanza de miles de refugiados congoleños a manos de una facción paramilitar muy ligada al gobierno opresor del propio país. En ella se muestran varias montañas de cadáveres de mujeres y niños siendo retirados por un regimiento de Cascos Azules de la ONU, enviados para mantener el Statu quo de la zona y asegurar el correcto abastecimiento de diamantes a los grandes especuladores y multinacionales.

La primera vez que descubre su afición a ver desgracias ajenas está sentado en el coche familiar con su hermano. Él tiene cinco años y su hermano siete, y ambos están esperando a que su madre vuelva de hacer una breve compra en el mercado. Cuando la madre aparece y se sienta en el coche, después de mirarse durante unos segundos en el retrovisor, le da una piruleta de fresa a nuestro protagonista como premio a su buen comportamiento. En ese momento su hermano empieza a reclamar otra piruleta para él alegando que no es justo que el enano tenga una piruleta y él no, pero la madre le responde que no va a llevarse ninguna golosina a la boca hasta que el dentista no le haya tapado las cinco caries que tiene. El hermano se pone a llorar y a gritar, y cuanto más grita el hermano, más consciente va siendo nuestro protagonista de que tiene algo deseado en la mano. La madre le propina una bofetada al hermano, y el hermano llora más fuerte, y la madre le propina otra. El placer obtenido en cada lamida mientras ve la escena de las bofetadas con los ojos muy abiertos no hace más que crecer y crecer. Para ser feliz, se susurra entonces a sí mismo, no le basta con que las cosas le vayan bien: necesita que los demás se ahoguen en el barro.

La segunda tragedia de la larga lista de tragedias tiene como protagonista una evacuación de resíduos químicos altamente tóxicos en cierta zona rural de la India durante los años setenta que ahora, más de cuarenta años después, provoca que las nuevas generaciones de niños nazcan con tres cabezas y otras horribles deformidades, en algunos casos mortales y casi siempre portadoras de retrasos mentales profundos.

Si alguien se acercara a él y le preguntara si disfruta viendo esas horribles escenas en la televisión, nuestro protagonista lo negaría todo, tachando al que lo hace, si resulta que hay alguien lo suficientemente enfermo para hacerlo, de loco de remate. Pero ahí le tenemos, sentado en el sofá, con los pantalones bajados hasta los tobillos, oculto en su más profunda intimidad, echándose lubricante en la mano y masturbándose mientras ve miles de árboles caer, casas destruidas y gente gritando de dolor al son de sus viscerales risas, de su felicidad creciente al saber que otros sufren y él, por fortuna, ha tenido una vida feliz y plena, y está disfrutándola como nadie la disfrutaría jamás.

sábado, 25 de mayo de 2013

EL INTERCAMBIO

El indígena te habla en su extraño idioma y tú no sabes qué hacer al respecto. Durante unos breves instantes te palpas la barbilla y sonríes, pero entonces piensas que podría estar hablando de la muerte de su mujer y decides dejar de sonreír en seco, sin mostrar ninguna clase de transición. Un agudo graznido de pájaro resuena entre los frondosos árboles. Tus ojos se entrecierran durante una fracción de segundo y a continuación ladeas la cabeza y pones cara de estar escuchando. El hombre tiene una gran perforación en su nariz a través de la cual sale un cuerno de madera. Su idioma utiliza muchísimo el dígrafo "ch", y de vez en cuando te escupe algo de saliva -en ocasiones algo de esa saliva entra directamente en tu boca-, pero en ningún momento cambias la expresión. Tienes miedo porque estás rodeado. 

El ambiente del poblado es húmedo y caluroso: tu cara brilla por la pátina de sudor que te cubre todo el cuerpo, y llevas dos días con la sensación de que algo en tu estómago no termina de ir demasiado bien. En un momento puntual tu interlocutor deja de hablar, pone las dos manos a la altura de su cabeza y hace un leve movimiento de entrecierre con ellas, como si estuviera apretando algo, para después colocárselas justo debajo del pecho. Sin ninguna duda al respecto, te das cuenta de que te está hablando de tetas y automáticamente, después de haber estado buscando con impaciencia al menos un punto de contacto con ese hombre, mimetizas sus movimientos mientras piensas en un par de tetas jugosas. En respuesta, el indígena asiente, ríe y te mira con los ojos muy abiertos. Luego emite un silbido y a los pocos segundos aparece una chica negruzca, sucia y casi desnuda. Al parecer, alguien la ha empujado a escena, porque ha salido torpedeada de entre el grupo de indígenas que han hecho un corro a tu alrededor. La muchacha parece tímida y nerviosa. Unas minúsculas piezas de teca anudadas a hilos de fabricación propia se entrecuzan para formar una maraña de tejido y madera articulada que le tapa la zona genital. Más de un espectador le da codazos al compañero de al lado y este le responde con una franca sonrisa de expectación. En ese momento todo tu cuerpo empieza a fabricar grandes cantidades de un sudor frío y apestoso. Piensas seriamente por qué decidiste embarcarte solo en este viaje.

El indígena con el que te has estado comunicando hasta ahora mueve una mano como ofreciéndote a la chica, y luego señala tu smartphone. Es entonces cuando recuerdas un breve pasaje del antropólogo Lévi-Strauss: "ante el ofrecimiento público de una mujer -algo infrecuente, a decir verdad-, negarles la satisfacción a su propuesta puede intuirse como un error de protocolo que podría ir, en la mayor parte de los casos, acompañado de graves consecuencias".

Le echas un ojo a la chica. Tiene los pechos pequeños e ingrávidos, algo extraño en la zona, puesto que las mujeres de aquí no llevan sujetador y, por lo tanto, se exponen a una prematura caída de los senos. Lo más probable, siguiendo esa deducción, es que te encuentres delante de una niña con desarrollo precoz de no más de doce o trece años. Recordar que tu hija está rozando esa edad no te ayuda en nada, pero ahí queda. Ante tus fuertes dudas, el grupo de nativos estrecha el cerco en el que te encuentras. Asustado, levantas las dos manos en señal de paz y empiezas a gritar con voz medio ahogada "un momento, por favor, un momento".

Aceptas el trato.

No han tardado casi nada en preparar, justo en mitad de la plaza en cuyo alrededor se alzan las modestas cabañas de madera, un lecho con hojas frescas e intensamente verdes de banano. La niña, tumbada de espaldas y habiéndose quitado ya el taparrabos, revela una vagina peluda, húmeda y brillante. Sus pechos se desvían hacia los lados, dejando en el centro del tórax un ancho espacio. Piensas en acercarte al jefe y mostrar tu queja: en ningún momento creíste que la realización del acto con esa niña sería un evento público. Pero decides callar. Al fin y al cabo, no conoces su cultura. No sabes nada de cómo viven.

Una gentil llovizna empieza a caer sobre vuestras cabezas, pero a nadie parece importarle. Hace menos de cinco minutos, habiendo acordado el pacto, le has entregado al jefe tu móvil. Como lo tenías apagado para ahorrar el máximo de batería posible, se lo has enciendo, has marcado el código pin y se lo has dado sin más. Mientras algunas mujeres del poblado te quitan la ropa, observas cómo lo inspecciona. Parece tratarlo con poco cuidado: abre la tapa trasera y toquetea la batería sin llegar a retirarla. Llegado el momento, cede el smartphone a otro nativo, que a su vez también le echa una ojeada, y así sucesivamente.

Una vez desnudo, descubres las risas de todo el pueblo. No se puede decir que rían porque la tienes pequeña o porque tengas algún otro defecto importante escondido. Lo hacen porque al parecer nunca han visto el pene de un hombre blanco. Sientes la sarna y la humillación. Tu cara se muestra llena de una ira difícil de esconder. Es una violación en toda regla, piensas. Esos enfermos te van a robar hasta la última brizna de dignidad que quede en ti. Los niños, alegres y excitados, corretean de un lado a otro. En su mayoría están algo gordos, pero de esa forma que sólo denota una buena salud y futura fortaleza. Hay varias madres de pie, muy cerca de ti, dándole el pecho a sus bebés. En ningún momento te quitan la vista de encima. Es como si se estuvieran preparando por una hipotética huida tuya. 

Cuando toda la tribu se ha reunido a tu alrededor, se hace el silencio. Un rayo lejano parte el cielo. La llovizna no cesa, pero tampoco se intensifica. Esta vez te han dado más espacio: todos ellos se han resguardado de la lluvia bajo los toldos hechos con ramas situados justo enfrente de la puerta de cada cabaña. Parecen inestables e ineficaces, pero en verdad no dejan pasar ni una gota de agua. Aunque estén más lejos que antes, cabe decir que siguen estando relativamente cerca de la escena central en la que te encuentras -a unos seis o siete metros, a lo sumo-, quizás para tener mejor perspectiva del espectáculo. Por su parte, los niños están en primera fila. Hace poco tiempo se acercaban a su amiga tumbada entre las hojas de banano y le contaban cosas, pero ahora nadie ríe, nadie habla. El silencio sepulcral de todo el poblado sólo se rompe cuando una racha de viento mece las ramas rebosantes de vida de los árboles. 

La chiquilla te observa con una mirada seca y a la vez asustada. Ella va a disfrutarlo tan poco como tú. Te arrodillas. Alzas la vista y miras a los indígenas con cara inexpresiva, como si fueras una cámara de vídeo fija sobre su trípode, haciendo un lenta pero constante panorámica. El silencio te parece ahora más profundo. Tu visión se va reduciendo a un pequeño punto redondeado en el centro de la imagen. Los senos. El ombligo. El pubis. Sientes un indescriptible asco al notar una incipiente erección contra todo pronóstico. La chica se abre.

Quince minutos después terminas. Cuando sales de dentro de ella se rompe el silencio. Automáticamente se reactiva el movimiento como si alguien los hubiera enchufado a la corriente eléctrica, y la gente vuelve a sus quehaceres. Una mujer, que al parecer podría ser la madre de la chica, se acerca, la recoge y se la lleva al interior de la cabaña más cercana. En cuanto a ti, ultrajado y al borde de las lágrimas, recibes la orden de levantarte y seguir al jefe y al resto de mandamases de la tribu. Te permiten, eso sí, vestirte y ponerte los zapatos. 

Te llevan por un oscuro sendero selvático. Todos los hombres del grupo llevan sus respectivos cuchillos colgando del taparrabos. Varias especies de árboles y enredaderas se entremezclan y pelean por conseguir su correspondiente ración de luz. ¿Por qué te llevan por ese siniestro camino de selva? ¿Acaso van a cortarte el cuello en el primer claro que encuentren? El ululante grito de los monos es potente y largo. En más de una ocasión parece que ni respiren entre alarido y alarido. Media hora más tarde te obligan a parar. Tragas saliva. Uno de tus acompañantes, un hombre que en ningún momento ha dejado de sonreír, aparta un florido arbusto. Y entonces la ves. Ves la antena de telecomunicaciones. A continuación sacan sus cuchillos e imitan el acto de asesinar a alguien. Uno de ellos se hace el muerto. Todos se ríen de ti. No van, como hacían antaño, a matarte. Si así lo hubieran querido, piensas, ya estarías despellejado y colgado del palo que se alza en la entrada de la aldea.  

De pronto un chico sale de la caseta situada al lado izquierdo de la estructura que apoya la torre de metal. Viste un uniforme de la compañía telefónica propietaria y baja el pequeño promontorio coronado por la antena, con paso firme, para saludar al jefe de la aldea de forma cordial, incluso efusiva y amistosa. Todos se ponen a hablar con él animadamente y a comentar sus cosas en el idioma que desconoces. Al rato, el chico parece reparar en ti. Su sonrisa es franca y atenta. El jefe le entrega tu móvil.

Se acerca, rodea tus hombros con su brazo y te enseña la grabación de todo el suceso realizada con la cámara de vídeo de tu smartphone. El chico, que habla inglés de una forma tosca y malsonante, te cuenta que antes de la instalación de la antena de comunicaciones, si hubieras tenido el valor de acercarte a esa aldea, te habrían matado sin piedad para quedarse con todas tus cosas, pero que gracias a la globalización eso ya forma parte del pasado. A continuación, traduce un proverbio muy conocido en la zona: ¿para qué comerte a la cabra si te puede dar leche? 

El vídeo se reproduce. Tu cara se ve perfectamente mientras mueves la pelvis hacia adelante y hacia atrás. El chico pulsa el símbolo share situado en la esquina superior derecha de la pantalla. Aparece la lista de contactos. Quieren el número secreto de tus tarjetas de crédito o se lo enviarán a tu mujer. A tu hija. A tus padres. También a tus hermanos. A tus tíos. A tus primos. A tus amigos. A tu jefe. A tus compañeros de trabajo. Toda la gente que conoces va a saber que te follaste a una niña. Van a destruir tu vida si no haces lo que te ordenan. Lo quieren todo de ti, quieren grandes y constantes sumas de dinero para mantener su silencio. No van a abandonarte nunca.

sábado, 11 de mayo de 2013

ENTREVISTAS A TUITEROS ILUSTRES: @trospida


Nuestra querida @trospida abre su cuenta en enero de 2012 y desde entonces molesta a todo el mundo. Sus tuits profundamente misántropos, críticos, sarcásticos, ingeniosos, inteligentes y decadentes se ganan rápidamente el cariño de un nutrido grupo de tuiteros nocturnos con largos historiales de depresión y soledad. Es uno de los puntales, durante la primera mitad de 2012, del Turno de Noche de la primera era "Carapokautskypelosh" -aunque está claro que mucha gente no la habrá visto, puesto que su prometedora cuenta de odio y resentimiento ha sufrido numerosos maltratos, tales como cambios de avatar y nombre, y ausencias en Twitter que llegaron a durar meses, entre otras razones porque estoy casadísimo con ella-. 



¿Por qué eres tan hija de puta con todo el mundo?

Porque la vida me ha tratado muy mal. Nacer en África, tener que lidiar con la incultura de mi entorno a base de Internet y de malas compañías… una serie de mierdas que construyen sin quererlo una bonita embajada de odio en mi cerebro.  Vamos, que no sé por qué, ni siquiera me considero una hija de puta.



¿Infancia en África?

Sí, nací en Canarias (o eso me han contado) y odio mucho sin vocalizar.

Es curioso conocer a una persona de canarias que sepa qué es Internet. Comentas que tu odio proviene de estar rodeada de incultura. ¿Te consideras culta o simplemente es una pose para justificar tu trollidad?

Es curioso hablar contigo como si no nos conociéramos de nada, también. Me considero culta con respecto a mis amigos. Porque no tengo. No, no soy culta. Tengo una carencia muy bruta de cultura general, aunque tengo mis conocimientos especializados como todo el mundo. Y no soy un troll. Los trolls (¿o trolles?, yo es que de cultura poco, ya te digo) se dedican a molestar, yo sólo hago mi opinión pública, sin intención de ofender a nadie.



Bueno, quizás no odies a nadie, pero debemos admitir que se te da bien ridiculizar a la gente. Recuerdo más de una discusión con otros tuiteros vía mención con tronchante resultado. De hecho, aquí adjuntaré una de las más graciosas, ingeniosas -y por fortuna nuevas-, que recuerdo:


Hilarante. La verdad es que disfruto debatiendo. Disfruto muchísimo. Para mí esto fue un debate con humor.

¿Y cómo es que tus opiniones públicas son siempre tan corrosivas? Porque podría contar con los dedos de las manos las veces que has hablado en términos positivos públicamente, aunque sólo sea acerca de lo guapo que te resulta Jesucristo.

Los comentarios positivos en plan “me gustan los gatos” no aportan nada a nadie, considero. Sería absurdo hacer ese tipo de comentarios. Vale, en realidad no tengo muchos pensamientos agradables. Pero no creo que sea todo tan malo, sólo me río de lo que me encuentro por ahí. Jesucristo estaba petable. No saben nada los productores de películas de Semana Santa… ¿Por qué crees que están tan de moda las barbas ahora? Recristianización.


¿En ese sentido podríamos decir que eres una buena chica que se ríe de todo lo malo por miedo a tener, por ejemplo, un cáncer?

Tengo mucha fobia a los médicos. Me río del cáncer, no, nunca me he reído del cáncer. Me aterroriza el cáncer. Si acaso lo satirizo de puto miedo que me da, pero reír no río. Cada día amanezco con un nuevo tumor, es terrible. Iba a decir que no es un tumor real, pero no lo sé, porque me da miedo hacerme pruebas.

¿Qué significa para ti Twitter? 

Twitter por definición es la red “social” de los inadaptados. Por tanto, es el mejor medio para conocer a gente interesante. Eso sí, la búsqueda puede llevar años, porque en medio hay un gran entramado sectario que da mucho miedito. Así que por definición mía, Twitter es una secta más. 

¿Qué colectivos de tuiteros odias más? Y si hay algunos que te caigan bien, dilo también. Recemos por sus almas.

Era ex-miembra del Turno de Noche. En general, sus componentes me caen bien. No puedo decir que odie a ningún colectivo concreto, a no ser que las chicas entren dentro de un colectivo. Sé que me estoy ganando el cielo feminazi con esta declaración, pero no puedo con la mayoría de ellas. Creo que forman como mucho el 10% de la gente a la que sigo. Se corresponde con mi relación con ellas en la vida real. Dentro del colectivo “chicas” debo destacar a las que van de femme-fatales, esas que fingen ser muy bordes y fumar y molar para ligar con chicos aún más gilipollas que ellas. También odio a las van de Amélies, en plan bohemias de mierda que aman Francia y tururú. Luego están las que van de cultas literatas y cinéfilas, uf, y sólo hablan de Bukowski y Kerouac. Luego están las que lo unen todo y ya no sabes por qué parte odiarlas.


Por lo tanto debo suponer que consideras a los chicos mejores tuiteros en general.

Sin duda alguna, en general son mucho más inteligentes. O al menos me dan esa impresión. Van más por mi línea de pensamiento, no sé si me entiendes. Pero que quede claro que hay tuiteras que se salvan.

¿Cuáles? 

Pf, ahora mismo… La verdad… Déjame que piense. Hmmm, @Llaguitas me gustaba mucho cuando tuiteaba. Luego está Tus Ladillitas (@aguitaamarilla), que también tiene flow. Sandra Radke (@HijadeHelgan) también tenía un nosequé, pero no solemos coincidir tuiteando. Y también a Múnich  (@LadyMunich)  Y creo que ya.

¿Te sientes ignorada en Twitter?

Hombre, no soy muy popular entre la gente sensible. Nah, la verdad es que más que ignorada me siento incomprendida, pero ya lo dejo claro cuando digo que tengo los followers caducados. También está el asunto del medio año sin tuitear, que se olvidaron de mí y ahora ya no molo. Pero molo más.


¿Cuáles son tus tuits favoritos?

No lo sé, tengo muy mala memoria. Me podrían plagiar lo que quisieran de hace más de un mes que no me daría cuenta. Pero en cuanto a apego, le tengo mucho cariño a la serie de tuits de la bohemia. Y el del streaming, que sé que te gusta mucho.









Remarco que @trospida fue la inventora de los famosos y ya olvidados tuits plantilla "Soy tan bohemia que..." y "Sagente que blablablabla. Sagente".