miércoles, 6 de noviembre de 2013

LA DESGRACIA SE MIDE EN PATAS

Se convirtió en una cucaracha gigante mientras dormía, y al despertar vio su vientre laminado y brillante. Esa sensación de terror que nació en su estómago no era causada sólo por el hecho de ser un gigantesco y asqueroso insecto, sino por haberse convertido en la copia de un famoso cuento de Kafka, y encima del más conocido, se estuvo repitiendo en voz baja. ¿No podría estar viviendo en una jaula de circo? Al menos habría salvado las apariencias ante el público de más baja cultura. ¿No podrían haberlo condenado a morir atado en el centro de una cruel y colosal máquina tatuadora de crímenes?

Mientras aprendía a mover sus múltiples patas, no dejó de sufrir ni por un segundo las implicaciones que su transformación representaba: se había visto rebajado a un nivel muy modesto del imaginario popular. Tras haber ganado el estatus de cucaracha Kafkiana, ninguna persona con dos dedos de frente pensaría que él, de alguna forma, tenía algo nuevo que decir. Eso, sin duda, sería el fin de su carrera como artista. Se imaginó a personas calvas con gorra de niño antiguo y dilataciones en las orejas burlándose de él. No me digas nada: dentro de un rato una ballena blanca excepcionalmente grande te va a arrancar una de tus patitas, y eso te cabreará tanto que querrás vengarte de ella.

Su vida se iba a convertir en una mierda. No es que su vida antes del suceso fuera muy feliz, al contrario; pero ahora llegaría a nuevas cotas de desgracia que no sólo lo afectarían como persona con sentimientos, sino como concepto.

Siendo perfectamente consciente del panorama que le esperaba, decidió encerrarse en el armario de su habitación hasta morir de inanición. Los espacios reducidos, oscuros y llenos de recovecos, antaño desagradables para él como ser humano, habían adquirido el nivel de posibles refugios, tal y como ocurría en el mismo cuento. Eso, como es evidente, le asqueó aún más, puesto que no sólo era objeto predecible de la historia: ¡incluso la guía de su comportamiento ya había sido meticulosamente editada y archivada!


En un intento por recobrar la esperanza, empezó a pensar que en el mundo había miles de millones de humanos y que todas sus historias y desgracias, de alguna forma, se parecían un mucho entre ellas. En cambio, de personas convertidas en cucaracha gigante, sólo habían dos: una era nuestro protagonista y la otra procedía de la ficción. La alegría de aquél pensamiento que de golpe lo convertía en un ser más o menos extraordinario duró poco, puesto que la condición de ser humano para él mismo llegaba, durante la mayor parte del tiempo, a hacerse invisible. El ser humano físico -exceptuando unos pocos casos de deformidades y otras peculiaridades físicas extremas- estaba condenado a no destacar por sí mismo en nada radicalmente distinto y, por lo tanto, no podía tachar a otra persona de ser humana utilizando ciertas connotaciones críticas. Un ejemplo de ello podría ser la gente calva. Hay millones de personas calvas en el mundo, pero si de pronto apareciera alguien cuyo "pelo" son serpientes, todo el mundo diría es Medusa, sé su nombre, así como toda su historia de memoria: qué poco interesante resulta todo esto si lo miramos con perspectiva, se lamentaría la víctima antes de morir petrificada. La ficción era tan palpable que uno la veía normal sin que nunca lo hubiera llegado a ser: convertirse en un plagio del famoso bicho de Kafka, aunque sólo existiera como tal nuestro protagonista, lo hacía paradójicamente menos extraordinario que una persona anónima.

miércoles, 30 de octubre de 2013

NO PASA NADA

Descubre a su madre mirando fijamente una lechuga baby. El niño ha ido a buscar un pack ahorro de latas de atún por encargo de su madre y al volver la encuentra ahí, pasmada, con el tronco ligeramente arqueado hacia adelante y su cabeza apuntando al arcón frigorífico de las verduras. El niño no le da importancia al asunto: su madre estará comparando precios, de modo que deja el atún en el carrito, le da la espalda y empieza a golpear con el dedo a una manzana Golden para escuchar su curiosa resonancia, más cercana a la madera que a la fruta.

El hilo musical del supermercado se interrumpe para que una voz en off pueda anunciar magníficas ofertas en congelados. Unos segundos más tarde, el niño oye una ligeramente irritada voz masculina que está llamándole la atención a cierta señora, y al girarse repara en que, de hecho, el hombre se está dirigiendo a su madre, porque quiere llegar a las ensaladas sin invadir su espacio vital. La madre, ajena a la voz del hombre, sigue en la misma posición que antes. El hijo no tarda en acercarse. Le dice, intercediendo, que el señor quiere comprar una ensalada, pero la madre no contesta: se limita a observar cómo la luz artificial del supermercado, combinada con la del refrigerador, incide sobre una lechuga baby embalada en film transparente. ¿Mamá?

Después de unos diez segundos de profundo e incómodo silencio, el hijo, un poco asustado, le pregunta a su madre si está bien. El señor, que de pronto ha enmudecido, permanece de pie a un metro y medio de distancia con la cara contraída y agarrando, con sus dedos largos y magros, una bolsa llena de plátanos. La madre lleva un buen rato sin parpadear. Al principio, la escena era un poco graciosa -puesto que su madre es de naturaleza fantasiosa y a veces se ve obligada a soportar las burlas de sus seres queridos por pequeños despistes como intentar sorber sopa con un tenedor o atropellar palomas con su coche-, pero ahora, después de haberla llamado con voz trémula y haber tirado repetidas veces de la manga de su abrigo sin haber obtenido respuesta, el ambiente empieza a cargarse de una neblina grotesca. El niño se pone a llorar con cierta timidez mientras tira con insistencia de su manga. Al ver cómo el niño llora e intenta desesperadamente llamar la atención de su mamá, el señor capitula en su intención de comprar una ensalada y empieza a alejarse afligido por el momento, sintiendo mucho no tener el valor de invadir el espacio vital de su atractiva madre, debido a una timidez congénita con el sexo opuesto que nunca ha podido superar. 

Agarrada con su mano izquierda a los hierros del carrito, la madre ni tan siquiera se mueve al recibir los tirones y empujones de su hijo, que cada vez son más fuertes y parecen decididos a romper el imperturbable centro de gravedad que la mantiene estática. Es como si alguien la hubiera rellenado con cemento y bajo sus pies tuviera unos tubos metálicos clavados en tierra, cuyo final se encuentra a muchos metros de allí, en un subsuelo atestado de apestosas ratas y cucarachas.

Mientras ocurre todo esto, la gente, alertada por un llanto y gritos crecientes, ha formado rápidamente un corro alrededor de la madre y el niño. Durante los primeros cinco segundos han sido espectadores dudosos, partícipes silenciosos de la emergencia. A la mayoría de ellos, el niño les causa la misma impresión rompedora que si estuviera pidiendo dinero descalzo en una calle transitada, con la palmita de su mano extendida y los ojos nublados por las lágrimas. Muy pronto, más de un curioso da el primer paso y empieza a tocarle la espalda a la madre al grito de señora, ¿está bien, señora?, mientras un hombre muy fuerte intenta abrir dedo a dedo la mano que está agarrada al carrito. Pero es imposible: la mujer está petrificada y con los ojos abiertos. Resiste cualquier golpe sin que su posición varíe. Es en ese momento cuando una tercera voz empieza a reclamar, entorpecido por una canción de Shakira que suena en el hilo musical, que alguien llame a una ambulancia, porque ha descubierto que del centro de las nalgas de la madre ha empezado a brotar alguna clase de líquido que casi traspasa la gruesa capa de sus tejanos. El líquido no tarda mucho tiempo en deslizarse por las perneras del pantalón y empieza a invadir el suelo. Una mancha de sangre se extiende bajo los pies de la madre mientras la voz en off habla de un paquete de doce latas de San Miguel a cinco euros con diez, y todos los ahí presentes empiezan a asustarse de verdad y una mujer mayor se tapa la boca con las manos mientras emite un sordo Virgen santísima; y entonces aparece de la nada una chica joven, y la chica joven abraza al niño, que ha empezado a gritar de una forma muy aguda al ver toda esa sangre saliendo del ano de su madre petrificada en plena elección de una lechuga baby, y la chica se lo lleva unos metros más allá, corriendo lejos de todo mal, diciéndole al oído que no pasa nada, no pasa nada, no pasa nada.

miércoles, 23 de octubre de 2013

GYNECOLOGIC EXAM

El médico la está mirando fijamente, sentado en su silla acolchada tras el escritorio. En el simple escritorio de madera contrachapada hay una pantalla plana de un ordenador -de las primeras pantallas planas que existieron, es decir, de quince pulgadas y totalmente cuadrada- y varios papeles esparcidos por su superficie, en su mayoría informes de otras pacientes y varios cuadernos de recetas. Un calendario de papel redondeado lleno de bolígrafos y clips reposa justo al borde de la mesa, y ella lleva pensando durante un rato que no tardará mucho en caer, a juzgar por los torpes movimientos del médico, que aún la está mirando fijamente y poniendo una expresión muy paternal, como si sólo estuviera pensando en formas de mejorar su bienestar.

En un momento dado, el médico se incorpora un poco y le dice que el Ministerio de Sanidad ha decidido que no puede pagarle la operación de aborto que ella, unos días antes, decidió solicitar. A continuación, prosigue el médico, le informa de que estará habilitado a realizárselo si le abona al Estado una cantidad de cuatrocientos cincuenta euros. La chica hunde un poco la cabeza entre sus hombros y, tras posar su mirada otra vez sobre el calendario con un triste rictus en la boca, le comenta que no tiene ese dinero porque hace dos años que no trabaja, y que decidió interrumpir su embarazo porque no cree que pueda encontrar trabajo pronto. El médico, acostumbrado a esa respuesta, mueve la cabeza afirmativamente durante unos instantes, se lleva la mano a la boca y se acaricia el labio inferior.

La mujer le pregunta si no hay otra opción posible, y el médico, después de mirarla durante unos instantes, le dice que sí. El Estado, empieza a decir, quitándose una lagaña del ojo, tiene en cuenta la situación de las mujeres sin ingresos que vienen a interrumpir su embarazo, y por esa misma razón, el Ministerio de Sanidad contempla una medida extraordinaria y sin precedentes. Ella, un poco más calmada, le pregunta cuál es y él responde, titubeando un poco y no sin cierta vergüenza, que la medida consiste en colocar una cámara fija justo delante de la camilla donde tiene que tumbarse ella, grabar lo que vendría a ser una revisión ginecológica normal en la que él le introduce aparatos médicos por la vagina y a continuación subir el contenido de la grabación a una web pornográfica. La web, a cambio, le abonará el dinero correspondiente al Estado para realizar el aborto.

Tras estas palabras, la chica empieza a esbozar una leve sonrisa que a los pocos segundos, tras comprobar cómo el médico se levanta, saca una handycam del cajón y la coloca encima de un trípode que ha recogido de dentro del armario, desaparece para convertirse en una maraña de lloros y gemidos. Le dice al médico que no es una puta. "No soy una puta", dice. "No tengo nada que ver con una puta", replica. Y el médico le dice que ya lo sabe, que es perfectamente consciente de que ella no es una mujer que normalmente aceptara dinero a cambio de mostrar sus genitales a todo el público que esté interesado en vérselos, pero que se han dado una serie de desafortunadas circunstancias y que por lo tanto no le queda más remedio que aceptar el trato o salir por esa puerta y no volver a entrar nunca, a no ser que sea con un niño en brazos.

El médico parece tan afectado como ella cuando saca del otro cajón unos papeles grapados con el escudo del Ministerio de Sanidad y el logo de la página pornográfica. "Es el contrato", dice, mientras a su vez le da un pañuelo para que seque sus lágrimas. "Tiene que firmar aquí y después aquí", le señala con el bolígrafo.

Esa noche, la chica enciende su ordenador. Aún está temblando. Ha estado toda la tarde tirada en la cama, dando vueltas. Mientras se toma su cuarto alprazolam en lo que va de día, entra en la web pornográfica que compró su grabación, introduce las palabras "Gynecologic Exam" y pulsa la tecla enter. Entonces aparece, en primera página, su cara y un primer plano de su vagina abierta con lo que parece ser un catéter debajo. El archivo tiene como título "Spanish Whore Shows Her Pussy To An Old Doctor And She Loves It". 

"She's a fucking bitch", añade el comentario de un espectador anónimo.

martes, 24 de septiembre de 2013

CARTA A UN PRODUCTOR

Vengo a proponerle una idea para un programa.

Sería un reality show. Un reality de los de toda la vida. Orientado a la familia. Pero sobretodo a la gente solitaria con depresión severa y un sentido crítico muy elevado y exigente, por no decir inexistente. No quiero que usted se piense que vengo sin haber preparado absolutamente nada. Aquí tengo una pequeña portada del programa:

¿QUIÉN ES EL PERRETE GUAPO?

Ese sería el título.

"Quién es el peuete guapou?" Lo digo así porque si los títulos tienen mucho acento inglés la gente se identifica más con el visionado dinámico.

El reality show trata de coger perretes feos y convertirlos en perretes guapos. Todos los perros quieren ser guapos, y en este programa les daríamos la oportunidad. Nosotros queremos que los perretes sean felices y se sientan seguros de sí mismos.

Inicialmente cogeríamos a los perros más feos para que el cambio fuera más evidente. Y contrataríamos a un decorador de perros amanerado y con foulard que diría:

"¿Hola, tierra llamando a perro? Este perro no es chic. Este perro es 0% chic".

(El tío mueve la cabeza como las negras de Gospel que hacen "no no no", mientras mueve el dedo índice de forma gay).

Evidentemente esto lo diría un hombre de color. Porque yo conozco a mucha gente de color. No soy nada racista. Les admiro porque son de color y sufren. Son como mujeres maltratadas con todo el cuerpo lleno de morados. Pero morados de color.


Al principio habría un jurado que vería al perro feo y diría cosas como "este perro no me gusta" y luego una mujer con movilidad reducida a causa de sus problemas de sobrepeso comentaría "este perrete tiene problemas de auto-confianza". Y claro, le joderían mucho el ego al perrete para presionarlo y para que deseara ser un perro mejor.

El perro no hablaría, porque los perros no hablan, pero se le pondría un doblaje intentando captar lo que piensa en cada momento. El doblaje tendría connotaciones perrunas para hacerlo más realista y adaptado. Cuando el jurado le dijera cosas malas, el doblador diría cosas como "rorlf, me siento como si me hubieran quitado un hueso de brontosaurio de la boca", porque los brontosaurios son grandes, y claro, un perro sin hueso de brontosaurio vendría a simbolizar a un perro que ha recibido un gran golpe moral, ¿me entiende? Y eso, ya sabe.

El programa, en sí mismo, tendría mucha voz en off del tipo Constantino Romero pero en vivo, diciendo cosas como: "¿Y qué pensará la atractiva perrita Fufú acerca del nuevo estilo de Friski? Lo sabremos a continuación". Así, como intercalando, poniendo el logo del programa y después volviendo a poner la escena cortada de la reacción de la perrita Fufú en el momento de más emoción para Frisky, como forma de retener el interés del espectador deprimido.

Cabe destacar que haríamos publicidad de marcas de ropa y de cirujanos plásticos para perros. Irían visitando tiendas de ropa y consultas veterinarias cuyos trabajadores van llenos de bótox en los globos oculares y la cara. Con los globos oculares muy hinchados y jóvenes, sabe usted? Porque los perros se someterían a cirugía estética, claro. En ese momento el perro, antes de ser operado, diría "Guau, espero que no me pongan una de esas lámparas en la cabeza al terminar" diría, como le digo, el perro doblado. Sería gracioso y a la vez tierno, porque claro, a ningún perro le gusta que le pongan una lámpara de esas en la cabeza.

Después de todas las operaciones promovidas por el decorador de perros con foulard llegaría el momento del gran cambio. El final del programa. He pensado en que deberíamos montar un escenario con una foto del perro antes de venir al programa. No sé, un yorkshire claramente calvo y con cortinilla, por decir algo. Un yorkshire que se ve incapaz de aceptar la realidad. Un yorkshire poco atractivo y sin seguridad en sí mismo.

A la vez, al lado de esa foto mala tendríamos un biombo que oculta al nuevo perro. La gente tendría ganas de verlo, porque en ningún momento, salvo en el final del programa, se vería al perro ya cambiado para mejor. Al fin y al cabo tenemos que conservar el misterio. El biombo sería giratorio y giraría muy lentamente y la gente abriría los ojos y finalmente lo vería, ahí, en su máximo esplendor perril.

"Cáspita, qué perrete"

El perro tendría una nueva cabellera rubia y un buen par de senos y llevaría también un apretado vestido de seda negro con transparencias en la zona de las nalgas; un perro con contenido erótico claro, nada de difusas señales sexuales como antes. E iría con unos buenos tacones. La industria del tacón para perros tendría un nuevo empujón. Todo es positivo. Todos contentos.

La gente diría, menudo perro, cielo santo, qué perrete más guapo. Y tiraríamos limón en los ojos del perro cuando la cámara cambiara de plano y enfocara al público aplaudiendo, para que parezca que el perro llora un montón de la emoción de saber que ahora es un PERRETE GUAPO, y el doblador diría un soberbio "Rorlf! ahora soy un distinto perro con el mismo collar", en clara referencia al refrán "el mismo perro con distinto collar", pero con toques humorísticos. Ya sabe, ¿no? Y todos gritarían "¿Quién es el perrete guapo?" Y claro, la respuesta sería "el yorkshire que a partir de ahora es un perro que está muy, muy follable".

Y junto a todo, para disfrutar de su nuevo status físico, el yorkshire ganaría un viaje a un hotel para perros en Cancún, presentado con un vídeo lleno de perritas guapas al borde de una piscina, con cócteles Sex on the beach y otras cosas atractivas.

miércoles, 19 de junio de 2013

ENTREVISTAS A TUITEROS ILUSTRES: @jotaceja




Jotaceja es uno de los primeros tuiteros que seguí. También es de mis favoritos. Por eso mismo estoy aquí, en mi blog que no lee casi nadie, para hacerle una entrevista que la mayoría de vosotros consideraréis estúpida o sin demasiado sentido. El señor @jotaceja abrió su cuenta en febrero de 2012, como yo, porque somos almas gemelas y nos queremos mogollón. El caso es que desde entonces se dedica a hacer un humor muy particular, lleno de imágenes de Nicolas Cage, promoviendo la visión de un Dios que es como una madre que descuida a sus hijos porque es adicta a las drogas y llenando la viñeta de tuiteo con situaciones absurdas y crueles que le hacen gracia a él y a unos centenares de personas más con problemas en el momento de salir al mundo y socializar con el resto de la sociedad, entre las que me incluyo.
Así pues, comencemos:

Tu nombre de user me recuerda a las series americanas de los 90 en las que siempre aparecía un niño supuestamente molón llamado CJ. ¿Cuál es la historia de tu nombre? ¿Tiene algo que ver con Jotas y con Cejas?

Si te digo la verdad, fui aconsejado por andaluces. Yo era anti-twitter, pero me convencieron para hacerme uno. En ese punto no sabía que nombre ponerme, así que a alguien se le ocurrió mezclar un par de mis iniciales con una ceja. Ahora hay gente que se refiere a mí como "ceja" lo cual suena a nombre en clave. Y me gusta.

Se rumorea que estudias periodismo. ¿Vas a usar esta cuenta de forma seria en algún momento de tu vida?

Supongo que si algún día voy a cualquier país en llamas podría usar mi cuenta actual, generando así sorpresa y regocijo: "¿Pero el jotaceja este no era un obeso de 43 años?" Es más divertido que hacerme otra cuenta llamada "Señor Periodista Serio" y así podría aderezar la información real con humor: "Acaban de incendiar un hospital y los de la unidad de quemados no se dan cuenta". Tronchante. De todas maneras, alguna vez he escrito algo serio con esta cuenta. Cosas que, afortunadamente, están enterradas bajo montañas de tuits.
En todo caso, ¿qué podemos hacer teniendo periodistas con un sentido tan negro y absurdo del humor?

Más periodistas con sentido del humor tendría que haber. El mejor chiste que te contará el 95% de los de este gremio involucrará futbolistas. Y bueno, si queréis periodistas con sentido del humor sin fútbol, tendréis que elegir entre Wyoming, Roberto Brasero y yo. Vosotros veréis.

¿Por qué ese humor? ¿A qué huelen las nubes?

Estoy casi seguro de que las nubes huelen a nitrato de plata. Lo cual debería asustarte.
Respecto a lo de mi humor. El humor negro es como un limón. No, no agrio. Es como un limón proyectado hacia tu cara a mucha velocidad. Te da una hostia cerebral. Es chocante y eso mola. En cuando al humor absurdo, lo veo como el humor más inteligente que hay. Ojo, todo esto cuando se hacen bien (y no digo que yo lo haga bien, NO TERGIVERSE SEÑOR LOVING). El problema es que Tuiter está lleno de chistes de judíos que han perdido toda la gracia y decir "el abuelo pelea con una cebolla translúcida en casa de Patrick Swyze" no me parece muy gracioso. El humor se ha quemado muchísimo. O se me ha quemado a mí.
Coincido totalmente con esa visión del humor que tienes. El de la cebolla translúcida creo que me lo has plagiado, hijo de puta. Supongo que ha llegado el momento de entrar en temas más serios y profundos. Háblame de tu OBSESIÓN con Nicolas Cage.

¿Obsesión? ¿Acaso es obsesión el amor que siente un padre por su hijo? ¿Una puta por el crack? Para nada. Nicolas Cage es el artista más grande de todos los tiempos. No digo actor, sino artista. Sí. Ningún otro virtuoso le puede superar en ningún campo. ¿Mozart? ¿Beethoven? Afeminados y sordos zarrapastrosos al lado de Nic. Para ilustrarte esto, que no es más que una aplastante e indefectible verdad, podría enseñarte cualquiera de sus películas, pero mejor te pongo un vídeo recopilatorio de sus momentos más apolíneos.



Además, mi fondo de escritorio es Nic, mi nombre de usuario es Nic, mis iconos son su cara y mi salvapantallas...pues JFK. JJAJAJA NO, es Nic. Pero bueno, como todo el mundo sabe, un sabio dijo una vez:
Yo sólo confío en dos hombres agente Larkin, uno de ellos soy yo y el otro no eres tú.
¿Y Dios? Porque esa es también una de tus constantes como tuitero.


Pienso en Dios como un ente que un día creó un ecosistema de hijos de puta sin querer. Estaba ahí, haciendo sus cosas intergalácticas y pum. Personas. Pero claro, como somos así de especialitos pues le damos un poco de asco y pasa de nosotros. Se supone que su poder es infinito y total, pero se mostró hace milenios a unos analfabetos del desierto y no ha vuelto a aparecer. Sus razones tendrá para ser así de maligno. Desde una perspectiva lógica me es imposible creer en Dios, pero desde mi miedo absoluto hacia el concepto de sufrimiento eterno y hacia la soledad cósmica producto del azar, pues supongo que le tengo hecho un hueco. Básicamente aplico la apuesta de Pascal. Aunque en el caso de que exista, lo sabrá y me destruirá. Me gustaría que fuese un dios como el de Futurama.
¡Saramago! Tienes pinta de ser una persona con el cerebro caótico. Supongo que como toda persona inestable en ese sentido -admito serlo un poco, también- debes tener episodios de rabia y diálogos mentales extraños mientras estás tumbado en la cama o caminando hacia alguna parte. ¿Hay alguna paranoia o tic mental recurrente en tu vida?

Muchísima rabia. Al menos antes. Ahora está más o menos canalizada y es hasta útil. Pero me controlo bastante bien, nunca haría nada que te hiciese pensar: "puto loco". Los diálogos mentales son constantes, supongo que como todo el mundo. Me gusta formar una personalidad objetiva que me lanza preguntas que yo respondo, como una entrevista.

Claro. Continúa respondiendo, porque está claro que yo no soy una personalidad objetiva creada por ti. 

Lo mejor de mis paranoias es que enseguida las identifico como tal y es fácil suprimirlas. Respecto a los tics ¿sabes lo que es un TOC? A veces hago cosas como tocarme diez veces la punta de cada dedo para que X cosa suceda. Es una gilipollez y podría no hacerlo, pero me relaja. A pesar de todo, estoy más o menos satisfecho con esa bola gelatinosa de materia gris que hay sobre mis hombros.

Probablemente te guste leer y escribir. ¿Has escrito cuentos, guiones o algo más grande?

Sí, escribo cosejas. Relatos cortos y tal. Hice un amago de blog pero lo abandoné en la absoluta miseria. Viendo el tuyo quizá me anime a volver a publicar. Mira, te pongo un micro-relato que escribí hace bastante: 


"Y el martillo del revólver percutió la bala. Bang. Como siempre, como no podía ser de otra manera, como estaba escrito y como era esperado. El incandescente proyectil cortó el aire y perseguido por su estela se dirigió hacia la cabeza de un hombre que dejaría de serlo en unas milésimas de segundo.
El estruendo no se disipó de inmediato, rebotó contra las paredes y durante unos instantes fue el único sonido que delataba de manera inequívoca lo que acababa de pasar. Cuando el ruido se disolvió, un fuerte y molesto pitido se instaló en su oído. Puso una mueca amarga al pensar que el pobre diablo cuyos sesos servían ahora de pintura hubiese dado lo que fuese por sentir algo así de desagradable si eso significaba dejar de estar muerto. Al pensar en lo equivocado que probablemente estaría no pudo evitar llorar como cada vez.
Arrojó el arma al suelo, encendió un cigarrillo y esperó. Calculaba que faltaban dos minutos. En efecto, cuando la mitad de su cigarro se había consumido, la habitación entera empezó a temblar. Los cristales vibraban, la lámpara empezaba a oscilar de manera cada vez más violenta. El hombre al que acababa de matar se convulsionaba, el revólver retornó a sus manos, la bala al cañón, los sesos a la cabeza y el humo a su cigarrillo. 
Dejó de contar las veces que eso había ocurrido cuando llegó a dos mil. Siempre mataba a ese hombre y minutos después todo retrocedía hasta el momento en el que apretaba el gatillo. Pensaba que había matado a Dios, a un dios al menos, al hacedor de todo. Pensó que estaba en el infierno y se preguntaba si ese bucle demoníaco le pertenecía solo a él o toda la humanidad se hallaba atrapada en forzada solidaridad. Pero ninguna pregunta importaba, no había respuestas ni nunca las habría, y si las había, no remediarían que estuviese atrapado en un lapso de cinco minutos y cuarenta y dos segundos, matando a Dios una y otra vez durante toda la eternidad."


En mi cabeza le ponía música de Satie y quedaba muy guay. Respecto a la literatura, pues sí, me gusta bastante. Como a todo el mundo, supongo. Hay mucha gente a la que no le gusta leer, pero luego están esos gilipollas que se han leído dos libros, se consideran amantes de la puta literatura y te miran desde su estación de Ego por encima de la órbita terrestre. Capullos.

Y siguiendo el rastro de los temas literarios, ¿podrías recomendar a algún autor que te guste mucho, sea de ficción o ensayo, y decirnos por qué?


Un autor que me gusta muchíismo y que siempre recomiendo (encima es contemporáneo) es Cormack McCarthy. Me parece muy brutal y visceral. La Carretera o La oscuridad exterior son libros extremadamente violentos, con un ambiente miserable que me han hecho sudar frío. Un crack, vamos. 

Con el resto de ítems culturales me pasa lo mismo. Me gustan todos. Cómics, películas, videojuegos... etecé. Podría darte una lista de gustos, pero creo que son bastante genéricos y encontrarías similitudes entre cualquier persona al que le gusten estas cosas. Pero vamos, te digo uno de cada: Crossed, Man from Earth (que la vi hace ná y me dejó con el culo vuelto) y Fallout. También te diré que soy fan enfermizo de la aeronáutica. Pero sssshhh.

Coño, ahora que lo dices, recuerdo que una noche ya lejana hice un tuit sobre Spitfires con una pequeña equivocación y casi te me lanzas a la yugular. Prosigamos con una de las últimas preguntas: ¿qué quieres ser de mayor, niñito? ¿Tienes perspectivas de futuro? Está claro que son escasas, como para el resto de gente joven -con cerebro o no- que vive en este país.


Mis perespectivas de futuro son difusas como una nebulosa. Lo ideal sería ser un corresponsal de guerra excepcionalmente bueno, con lo suficiente como para comer un par de veces al día y un paquete de cigarrilos ocasional. Ya sabes, jugándome el tipo y esa mierda. Quizá acabe en la legión extranjera francesa o de dependiente del Zara. No lo sé.

Jean Claude Van-Damme estaría orgulloso de ti. Eres muy buen tuitero, eso está claro, pero dime: ¿cuando abriste esta cuenta, lo hiciste con alguna intención de prosperar más allá del propio hecho de tuitear por tuitear? ¿O por el contrario tenías ganas de abrir cierta brecha para poder inocularle tu identidad a todo el mundo para aprovechar esa influencia de caras al futuro? Me atrevo a decir que mucha gente lo piensa. Al fin y al cabo, ahora mismo todo pasa por internet, y si no estás ahí, literalmente no existes. ¿Qué opinas?

Cuando abrí la cuenta tampoco tenía un objetivo claro. Un sitio para soltar gilipolleces de manera impune, genial. Pero bueno, con el tiempo te das cuenta de que te lee bastante gente (a lo mejor en mi caso no) y que puede que sí que sea una buena forma de empezar a dejar una huella o a crear un futuro. Parece una tontería, pero cuando la gente empieza a estar pendiente de lo que dices, aunque sean estupideces, ya tienes un público susceptible de ser ampliado o cambiado. En cualquier caso puede que esto me haga más mal que bien, y que el jotaceja del futuro sea brutalmente criticado y descuartizado por la masa por las mierdas tan enormes que escribió.